Trastorno bipolar: tratamiento y control de la enfermedad (Parte 2)

By 6 marzo, 2015enero 9th, 2017Salud

En el último artículo del blog de Club Salud hablábamos sobre el trastorno bipolar haciendo una breve introducción sobre el origen de la enfermedad, el diagnóstico de la misma y cómo identificar los síntomas. Hoy trataremos las distintas modalidades de tratamiento y daremos algunos consejos sobre las medidas que deben adoptar los propios pacientes y sus familiares y más allegados.

Porque, aunque el trastorno bipolar es una enfermedad de por vida, controlando los síntomas, y estableciendo una serie de hábitos preventivos, es posible llevar una vida normal y sentirse bien con uno mismo.

El trastorno bipolar no tiene cura, sin embargo, farmacológicamente es modificable. El tratamiento se divide en tres fases: tratamiento de fase aguda, dirigido a resolver los episodios intensos de la enfermedad; tratamiento de continuación, que evita las recaídas y consolida los resultados del tratamiento de la fase aguda; y tratamiento preventivo o de mantenimiento, especializado en prevenir futuros episodios.

La modalidad de tratamiento dependerá del paciente y su relación con la enfermedad. Hasta el momento se conocen tres procedimientos:

  • Farmacológico. Esencial e insustituible ya que el control de la enfermedad se sostiene sobre el consumo de fármacos. Como cada uno responde de manera distinta a los medicamentos, la selección de fármacos será 100% personalizada. Una vez se ha dado con el “cocktail” perfecto, el paciente no puede, ni debe, dejar de tomarlo, ya que la suspensión del tratamiento, sin previa aprobación médica, es peligroso y empeora los síntomas de la bipolaridad. El tratamiento inicial incluye: antidepresivos; neurolépticos, preferiblemente atípicos, con propiedades estabilizadoras; y estabilizadores del humor tales como el litio, el valproato, lamotrigina, carbamazepina y/o oxcarbazepina. En algunos casos, para combatir la agitación, el insomnio y/o la ansiedad se recurre a los ansiolíticos como coadyuvantes o complementos auxiliares.
  • Psicoterápico. Dirigido a resolver los problemas y afrontar el estrés durante la fase de toma de control. El objetivo es cambiar su conducta y ayudarles a encontrar la forma de gestionar los cambios que van a producirse en sus vidas, a través de distintas clases de psicoterapia o terapia “de diálogo”.
  • Educativo. Pretende proporcionar ayuda a los pacientes y familiares facilitándoles las claves para reconocer, asumir y gestionar las complicaciones derivadas del trastorno.

Es posible que, en ocasiones, el paciente no mejora con la medicación y la terapia. En estos casos en particular, esta persona puede someterse a una terapia electroconvulsiva o TEC, también conocida como “terapia de choque”, y que propone un “golpe de efecto” directamente sobre el cerebro. A veces, este tratamiento llega a corregir varios problemas en el cerebro.

Por otro lado, hay gente que recurre a suplementos naturales como la Hierba de San Juan o hierbas ricas en ácidos grasos con Omega-3. Se recomienda consultar con un médico antes de incluir cualquier tipo de terapia alternativa en el tratamiento, ¡actúa con conciencia!

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